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Thursday, September 3, 2009

CIRCO

ITZIA PEREZ

En ese circo que algo tenía de feria había largas filas de gente enfrente de las carpas, multitudes en las esquinas, y nunca faltaba el bailarín o contorsionista entre todo aquel caos. El sonido de clavicordios se mezclaba con el olor de azúcar y caramelo. Cada carpa, cada juego, cada atracción tenía una oscura promesa de delirio.

Aquel carnaval tenía un aterrador encanto lleno de sorpresas, pero la principal atracción era el maestro del carnaval. Gatika iba cada noche desde hacía un año, pero sólo había comenzado a ver al maestro, cuya presencia era mágica, desde el mes anterior.

El acto de mayor importancia se llevaba a cabo en la carpa más grande. A los lados, dos antorchas se encendían: las llamas rojas danzaban en el aire cambiando de tono y fuerza en medio de una pirotécnica sinfonía. De todo aquel alboroto salía un hombre con vestido y porte de mago; de las mangas de su saco escapaban aves de papel que se desvanecían dejando una estela de incienso y una densa niebla blanca.

Esta era la parte favorita de Gatika, para quien aquella imagen era como si una puerta se abriera y le permitiera entrar en la ilusión. Después volvía conmigo, con los suyos, y permanecía aquí algunos días, pero poco a poco sus visitas se habían acortado: ahora no podía quedarse más de una hora. Transcurrido ese lapso iba de vuelta al circo. Eso era lo frustrante: ya no podía quedarse en un mundo donde aún había familia y amigos; estaba atrapada en aquella pesadilla circense y, para completar el cuadro, a su reloj de arena se le estaban acabando los granos dorados que le permitían regresar con nosotros.

Esto es lo que ella me contaba, y yo no podía más que sentir una impotente tristeza al ver una mente tan joven en manos de la esquizofrenia. Tardamos meses en descubrir su enfermad, en tratarla. Ya era demasiado tarde. Sus periodos de lucidez eran cada vez más cortos y no me era posible devolverla a la realidad en que yo dejaba de ser el mago para convertirme, sencillamente, en su psiquiatra.