
Camino por un callejón oscuro y vacío; de la coladera sale un viento con color a violencia y olor a sope podrido que se adueña de mi olfato. Traigo puesta mi gabardina de color indiferente y mis botas verdes, que mi madre me intercambió por un viaje a Guanajuato... Pero ya estoy divagando. Al final del callejón hay un tugurio de mala muerte donde me citaste. No sé porqué tú, el amor de mi vida, con cabello y ojos perfectos, decidiste reencontrarme justamente hoy, después de veinticuatro años, tres meses, catorce días y siete horas.
Miro al cielo y cae sobre mi ceja la primera gota de lluvia, que se mezcla con mi llanto y corre hasta poder saborearla. Camino firme y escucho unos pasos. Percibo que el sonido es pesado. Imagino que es de un sujeto que calza del nueve y tiene pie plano. Toca mi hombro, giro. Trato de observarlo, ya que la penumbra no me permite enfocarlo, pero mi mente se turba, titubeo y termino apuñalándolo. Esculco su billetera, que es café, con una mancha que parece de vino tinto y roída por uno o varios ratones.
Algo de culpa inconsciente se adueña de mí, así que decido echar un vistazo a su identificación. ¡Oh! Pero si es el novio de mi abuela: “Bonifacio Huerta Mendoza”. Me levanto, ya que me es indiferente, y continúo mi camino, sólo que ahora me acompaña la sombra de mi víctima.
Prendo un cigarrillo que juega nerviosamente sobre mis labios y en el humo te veo. A cien pasos de la puerta del tugurio llamado Cantina
Violentamente, como los vándalos que son, toman mi mochila y la billetera. Al mismo tiempo, mi carne herida cae bruscamente y mi rostro golpea el asfalto.
Me percato de tu perfecta silueta, a lo lejos, que viene en mi auxilio, pero no sé si es una alucinación, porque mis extremidades ya no me obedecen y las fuerzas me abandonan.
Miro mi cuerpo. Tú viniendo hacia mí como tantas veces lo deseé. Los segundos se van como agua corriendo por un lago, y los delincuentes se alejan velozmente mientras mi espíritu se despide de mis despojos humanos y se dirige a mi siguiente aventura. En otra vida.
