
El temor de su padre se hacía real con la nota del psiquiatra, lo peor de todo es que el chico estaba a punto de suicidarse. Sus constantes esfuerzos sirvieron, todos su acuerdos con los comerciantes de la ciudad rindieron fruto: nadie, por insistente que fuera el muchacho le vendería sogas, pistolas, solventes, corrosivos, objetos cortantes o contundentes. Nada que pudiera servirle para hacerse daño estuvo a su alcance.
Años más tarde hubo mejoría y el joven podría irse a estudiar fuera de la ciudad sin riesgo alguno. Nadie habría previsto lo que sucedió: mientras se bañaba se resbaló y al intentar sujetarse de la pared donde estaba el espejo, metió los dedos en el enchufe, colocado ahí por mal diseño de la casa…
Zedequías sacudió la cabeza, parado a contra esquina del edificio donde vivía Celia, encendió un cigarrillo al tiempo que comenzaba a nevar. Su mente le había jugado un truco y todo por ese innecesario recuento, esa película del desgaste, de la incertidumbre…
Se presentó la sucesión de imágenes y de sensaciones en su memoria, en su maldita memoria que no olvidaba jamás. Todo inició desde las noches que pasaron juntos creyendo que la vida era bella. A ello siguió su ausencia, el silencio en el teléfono, el silencio en su casa, el estruendoso eco en la puerta de Celia, esa puerta que jamás se abría. Cuando pudo entrar, Celia no estaba, sólo un gélido fantasma lo recibía, un gélido fantasma que podía sostener una conversación pero que no daba respuestas.
A esto le siguió la duda. Celia se mudó y Zedequías jamás se enteró dónde estaba el nuevo domicilio de la joven. ¿Huyó? ¿Escapó? Y si escapó ¿por qué? ¿Para no tener que responder? Los innumerables y continuos silencios en el teléfono se repitieron, fue cuando Zedequías aprendió a odiar al buzón de voz y a todas las empresas de telefonía celular.

Tras otro encuentro carente de respuestas, la situación, su destino, el destino de ambos estaba claro para él. Cualquiera le habría dicho que no hacía falta la sentencia de Celia, pero él necesitaba oírlo de su boca.
Las noches se hicieron presentes en la película mental de Zedequías. En ellas se observaba bebiendo café bajo la mortecina luz y el lento oscilar del ventilador de techo. Tras buscarla infructuosamente durante días enteros, las noches servían para verse en letargo, en un miserable letargo en el que los insulsos infomerciales o trilladas películas pornográficas que veía distraídamente se acompasaban pesadamente al monótono ritmo en el que la incertidumbre lo aplastaba. Esa tortura autoimpuesta duraba hasta que el sueño lo vencía.
El hastío acompañaba al silencio en el teléfono, hasta que este último cesó. Un último encuentro se acordó.
Parado a contra esquina del edificio donde vivía Celia, Zedequías apagó su cigarrillo ahora que sabía que no estaba equivocado se sentía un poco mejor. Quiso tararear una canción al dar el primer paso, pero se detuvo en seco: Can’t you see?, la había tarareado y cantado demasiadas veces, era hora de pasar la pista.


11 plumas dijeron:
Chale, mi jotape se ve bien chingón en tu blog. Muchas gracias. De veras muchas gracias
Nos vemos luego
Niños ilustres
La memoria es caprichosa, la muy jija y hace con nosotros lo que se le da su gana. En una de mis pelíuclas favoritas, la protagonista lee una especie de poema, que en una de sus partes dice: "la memoria está, para que la moldee el amor" O lo que es lo mismo, no hay escapatoria.
Y como dice el maestro Saramago:
"físicamente habitamos un espacio, pero, sentimentalmente, somos habitados por una memoria"
O sea... el buen Zedequías, tampoco tenía escapatoria.
Buena historia; aunque veo que seguimos oscuros y poco optimistas... hasta se parecen la Marichuy.
Besitos
la persistencia de la maldita memoria
(no estaba tan equivocado dalí)
-- querida marichuy, no se que opine el maestro espada pero es cierto, la memoria puede ser atacada por algun virus, desconfiguraciones o pesimos back ups, pero no hay escapatoria aun tirando este armatoste que somos nosotros mismos (ahora si creo que no se de que estoy hablando, puro devaneo, que alguien prenda la luz)
-- malbina, como tu sabes el senior dali no tenia empacho en demostrarnos que la persistencia de la memoria es inversamente proporcional al olvido de nuestras inconsistencias (mmm, sigo disgregado, ya marichuy, que se haga la luz!)
Chavos, en relación a lo que dice mr.Jaramillo Paige respecto a los ataques virales y a los malos back ups, debo decir que la memoria tiene mecanismos anti- bug y es capaz de desactivar cualquier firewall puesto en su contra, es decir, es un virus que se ataca a si mismo, pero que a la vez repara su sistema.
Con un buen sistema operativo, cada vez que la memoria da lata, el sistema se protege y se resetea, pero en la mayoría se cuelga al más puro estilo de windows vista.
Por cierto, master jota pe, dice Azul que pa' cuando su cuentito?
Marichuy:
Me acabas de dar una ideota y te prometo que en menos de un mes le voy a mandar al master JP un cuento más brilloso para que lo publique aqui y esté menos sombrío, sale?
Malbicho:
Pinche Dalí, se me adelantó... bueno, a quién no se le adelantó?
Chavos, tienen toda la razón, no hay escapatoria y para que vean que es verdad, leánse el post titulado Tiranía, allá en el signo de la espada (lo encuentran en la lista de cuentos del sidebar) (jotape, perdón por el comercial, pero es para ilustrar el punto desde otro ángulo)
Ayó
-- mi guen espada gracias por las pertinentes aclaraciones y los comerciales (ahi te aviso jacobo fue), gracias y ahi nos vemos
Muy buen cuento. Al final, siempre se supo que no hay escape... ¿o lo habrá?
-- ese Zed! patito productions esta de placemes! gracias por la visita aunque sea solo para saludar al buen espada!
Y por eso tengo el disco duro formateado a diario
Besos..¿que?
A.
-- amad(A), jajaja, tu si eres precavida, besos reformateados!
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