Sunday, May 24, 2009

DE FINES AFINES


Final fraudulento
La fecha esperada llegó. Nunca supo si se trató de una explosión nuclear, una erupción solar, una oleada de plagas o una simple y masiva desintegración del planeta entero. Sencillamente no vio qué pasó. Al principio no vio a nadie, al cabo de unos minutos miró a algunas personas. “¿Qué es esto?”, pensó. “¡Pinche fraude! Debimos desaparecer todos, ¿no?¿Y los muertos resurrectos? ¿Y los sellos? ¿Y la destrucción? ¿Por qué hay sobrevivientes? ¿Serán los más aptos?”. En eso pasaron el Chaquetas y el Chupatrusa. ¡Qué!, rugió. “No se vale, deberían haber quedado buenos elementos y se quedó el Chaquetas. ¡No mamen!”. De pronto se detuvo y preguntó: “¿Dónde está Lorelei?”. Ella no estaba, no regresaría jamás. Y ahí pudo constatar que en serio era el fin del mundo.
El Foso de Abaddón

Sebastián observó a dos aves luchando mientras escuchaba un susurro que decía: Abaddón. Su esposa y su madre habían ido a comprar algo mientras él dormía en la casa de huéspedes sobre la colina.

Cuando llegó a la ciudad se percató de que el color del cielo era naranja intenso y que había incendios por todas partes. La ciudad estaba en ruinas y se escuchaban gritos, lamentos, susurros, alaridos. Mientras caminaba había derrumbes y explosiones por donde pasaba. Un vuelco en el corazón lo obligó a refugiarse en la serenidad que le otorgaba la oscuridad al cerrar los ojos, la única arma que tenía contra la angustia de saber que sus mujeres estaban perdidas en medio de ese caos.

Un severo rugido capturó su atención, frente a él se hallaba un cráter inmenso del que emanaba un horrendo fulgor. Sebastián sintió una ráfaga atravesarlo intentando succionarle el alma. El sueño anterior llegó a su mente y tuvo la visión de unos ojos llenos de odio. Un ángel gigante emergió y Sebastián comprendió entonces el significado de su visión y del sueño: tenía que luchar contra Abaddón. El humano y el ángel se miraron aprestándose a asestar el primer golpe. Antes del impacto Sebastián cerró los ojos.

Cuando Sebastián volvió en sí la cabeza le pesaba terriblemente y su mano la sostenía. Detrás de él su profesor disertaba sin emoción. Haber sostenido su cabeza con su mano sirvió para que nadie se diera cuenta de que estaba dormido. Maldito seas Abaddón, musitó y cerró los ojos de nuevo.

8 plumas dijeron:

A said...

Jota pechocho, querido.

Podremos resumir que la inspiracion mistica puede venir de una catedra analitica.

Hay a quienes la cabeza les pesa menos que el estomago y mas que el corazon.

Besos viscerales
A.

jota pe said...

-- amad(A), me dejas sin palabras ni visceras, besos sesudos!

marichuy said...

Querido Jota-pe

Curioso: misticismo y razonamiento puro, mezclados en aras de enfrentar la lucha final.

Como a la querida A., a mi me pesa más el corazón que al cabeza. Por eso me va... cómo me va.

Abrazos vivos

jota pe said...

-- marichuy, cierto, que la lucha final debe ser sesuda y visceral, ahi donde radica el amor!

malbicho said...

ese final de los mundos particulares es la tragedia más grande, ojalá pudiera evitarse con sólo volver a cerrar los ojos

excelentes, como siempre

jota pe said...

-- malbadina, que tragedia mas grande seria no tener tus comentarios por aqui, gracias como siempre!

Signo de la Espada said...

ya vine, oooootra vez y ahora sí puedo comentar :P

jota pe, gracias por invitarme a participar en patitoproductions. Se siente chingón ver mi nombre en tu blog. Se me pasó decirte que agregaras un seudónumo, pero nel, mi nombre está chido jajajajajaja

Gracias a todos por sus comentarios, amigos. Qué bueno que gustó la amalgama lógica/mística.

Saludos a todos

P. D. jota pe, la imagen que pusiste para el foso de abaddón está genial!! De dónde la sacaste??

jota pe said...

-- mi guen espada, gracias a ti mi estimado. Alla arribita en el nombre de victor safonkin esta el link para que vayas a su web y encuentres todo su marterial, de donde saque la imagen, gracias!